lunes, 28 de noviembre de 2016

Novedades

¡Hola a todos! Hoy solamente os escribo para comunicaros una noticia que para mí es especial: he empezado a escribir una nueva novela.

Como algunos sabréis, la última novela que escribí, Lavinia es libertad, la acabé en escasos ocho meses, y es que mi método de escritura ha cambiado notablemente. Esta nueva novela la pienso escribir al mismo ritmo que la anterior (¡o más rápido, si se puede!). Las primeras ideas son de hace años, pero empezó a coger forma hace uno más o menos. He desarrollado la historia en estos últimos cinco meses, escribiendo escenas sueltas, creando subtramas, perfilando personajes... Y el último mes ha sido verdaderamente impresionante: he hecho el proceso principal de documentación, he caracterizado secundarios y redondeado tramas, y en tres días (¡tres!) he construido la escaleta.

En fin, y ya a los datos más útiles: he decidido llamarla Proyecto Cat, para no desvelar su título real, como ya hice con Lavinia. Eso de Cat es por la protagonista, que se llama Catalina (he tenido bastante duda a la hora de elegir nombres, cosa que casi nunca me pasa. Incluso hice una encuesta en Twitter que no me ayudó apenas).
La novela será bastante más adulta que las anteriores que he escrito; aunque Lavinia es libertad es una novela bastante "abierta" en el sentido de clasificación, porque puede gustar tanto a adultos como a jóvenes, Proyecto Cat no creo que pueda llamarlo juvenil. Va a ser una novela durísima: un drama bélico en el que no voy a omitir escenas violentas ni momentos muy tristes. Debo admitir que, aunque me guste el drama, esta novela se va a ganar la palma. Los personajes lo van a pasar muy, muy mal. Aunque todo eso tendrá sentido, claro, no lo escribo porque sí. En mi última entrada, donde hay un fragmentito de la historia, se ve más o menos el tono.

Aunque en esta ocasión no os desvele la sinopsis completa, sí puedo contaros el punto de partida: la historia entera gira alrededor de un matrimonio concertado: Catalina y Gabriel (este es un pseudónimo, el personaje en realidad se llama de otra forma). Él es guerrero y debe ir a luchar en numerosas ocasiones. Ella, dama instruida, queda chocada por su cambio de vida: pasa de vivir en un palacete a hacerlo en un castillo en medio de la nada, con un esposo que la ignora y alejada de sus seres queridos.

Tengo pensado colgar algún fragmento más según la vaya escribiendo (nunca la novela entera, claro), tal vez cambiando alguna imagen icónica o los nombres, porque nunca se sabe quién se quiere copiar. Tengo muchísima ilusión puesta en esta historia y espero de todo corazón plasmarla bien en papel. Y también espero hacerlo en un tiempo asequible, como en mi novela anterior. Por ahora voy bien: en una semana ya he escrito más de 5.000 palabras. A ver si esto se mantiene.

¡Un abrazo!

sábado, 12 de noviembre de 2016

Fragmento sin título

La sangre, las moscas, los gritos; una tos regurgitante, una voz llamando a su mamá, un frasco de cristal cayendo al suelo y haciéndose añicos. Todo sucedía, sucedía, sucedía, y ella solo podía ir de jergón en jergón, aplicaba ungüentos, daba besos, susurraba cosas bonitas, se tragaba su propio dolor. El yodo, el agua, el láudano, los paños. Lleváoslo, se ha muerto. Urgente, hay que cauterizar la herida. Se ha infectado. Mamá, mamá. Mi pierna no, mi pierna no. Ayudadme. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Olía a vómito, a metal, a podredumbre. La poca luz de las antorchas creaba sombras grisáceas sobre la tela de las tiendas. Por el rabillo del ojo vio a un perro pulgoso lamiendo un charco de sangre y agua. Las náuseas se quedaron atascadas en la garganta y tuvo que tragar saliva repetidas veces. Uno la agarró de la mano repentinamente antes de que pudiera pasar al siguiente herido. Lo miró, reprimiendo un respingo o un grito de horror, y él sonrió con una boca llena de sangre y dientes rotos. Su mirada vidriosa se congeló. Se deshizo del contacto de su mano engarfiada y gritó que lo retiraran del jergón para dejar pasar a otro. Rápido, rápido, le pidieron, ven, no está quieto y se va a desangrar. Algo le salpicó el pómulo y deseó que solo fuera agua. Corrió a otro cuyas vísceras casi se le salían del vientre abierto. Nada más alcanzarlo, murió mirándola fijamente. «Bienaventurados los que sufren, pues su recompensa será grande en el Cielo», rezó, pensó, dijo, ya no sabía. Sus manos se habían teñido de un brillante escarlata. Le cerró los ojos y corrió al siguiente. La suciedad estaba incrustada en sus uñas, se percató al mirarse las manos. Pero era mejor tenerlas sucias a no tenerlas, como ese soldado de allá. La volvieron a llamar a gritos. Se retiró el pelo de la cara, manchándose en el proceso. Percibió vagamente el rodete deshecho bamboleando en su nuca y la brisa fresca y agradable que entraba cuando abrían la cortina y traían un nuevo herido. Mientras le ponía un trozo de madera en la boca a aquel pobre muchacho con la flecha clavada en el muslo, miró hacia el techo de la tienda y pensó en Él y en él. Al primero le pidió ser fuerte y le suplicó no tener que ver al segundo aquella noche, porque eso significaría que no había sido herido en batalla.


Este es un fragmento de una novela que quiero empezar a escribir pronto. Como habréis observado, se ambienta en la Edad Media.