sábado, 5 de octubre de 2013

Canción, sonrisa y cielo azul.

No sabéis lo mágica y esperanzadora que puede llegar a ser una ciudad... por la mañana. Aunque no sea París, o Londres, o Roma.
Sigue siendo especial.
Por cierto, novedad: el protagonista es un hombre. ¡Bieeen!

Canción, sonrisa y cielo azul

Las notas que expulsaba el gramófono salían desafinadas; sonaban como gemidos agonizantes que hacían eco por todo el piso, extendiéndose por las paredes celestes, el suelo de madera, los muebles vacíos.
Di un par hacia delante, mirándolo todo con un suspiro. La casa carecía de dueño. Pero estaba sobrada de recuerdos. Los rayos de sol se filtraban por las ventanas, iluminando suavemente cada rincón.
Dejé el abrigo encima de un sillón. Me quedé mirando fijamente el piso, como si tuviese miedo de romper el vacío, el silencio melodioso, el abandono que lo había invadido durante años y años.
Parpadeé para ubicarme en la realidad. Con un nuevo suspiro, avancé por el comedor, las habitaciones con las sábanas perfectamente dobladas al pie de las camas, la cocina pulcramente ordenada. Al volver al salón, Édith Piaf seguía llenando el vacío a través del gramófono, y me atreví a abrir las puertas de cristal y asomarme al balcón.
Las luces matinales de Madrid me envolvieron en un manto cálido y mágico. Me crucé de brazos, observando la calle a mis pies, los caminantes paseando sin rumbo fijo, los pájaros piando, el viento acariciando las hojas de los árboles. El Retiro se extendía como un enorme bosque verde en medio de los edificios grises, los semáforos, el ruido de motores y voces.
Estreché los ojos, observando el valor indefinido de ese paisaje urbano. La voz rota y francesa se elevaba hacia el cielo azul moteado de blanco. Subí los ojos a ese cielo inalcanzable que, misteriosamente, parecía más cercano desde mi nuevo piso.
Al bajar la mirada de nuevo a la calle, vi una figura que parecía arrebatada de un sueño. Sus ojos azules eran perfectamente visibles desde mi segundo piso. Y me estaban mirando. La sonrisa, de un brillante color carmín, refulgía en medio de mil rostros sin expresión. Se envolvió en su abrigo cuando le azotó una nueva ráfaga de viento helado. Mechones de  pelo rizado se escaparon de su gorro de lana. Era una chica novedosa, distinta, especial, y no sabía por qué. Pero lo era. Igual que aquel piso.
El aire se escapó de mis labios formando una nube de vaho mientras la seguía mirando.
Su sonrisa se ensanchó. Se la devolví.

Miré el gramófono un momento. Esa voz rota ya no me hacía falta. Porque tenía una sonrisa mucho más valiosa que miles de canciones tristes juntas. Apagué el aparato, salí con precipitación y bajé corriendo las escaleras hasta el portal, deseando con todas mis fuerzas que siguiera allí, que no se hubiese ido.

Cuando llegué a la calle, la vi, enfrente. Las manos en los bolsillos, las mejillas coloradas, la mirada gélida y tierna a la vez, la sonrisa brillante.

Sí, había comenzado otra vez. De cero.

Laura TvdB, 5 de octubre de 2013.

3 comentarios:

  1. ¿Y qué pasa después? Da pie a que nos imaginemos lo que puede ocurrir después. Deja una página en blanco. Me gusta.

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  2. Un relato bien escrito, que me ha enganchado desde el principio hasta el final y que me ha transmitido muchas buenas sensaciones. El gramófono me ha parecido un elemento formidable.

    Sin duda, será de esos relatos tuyos que, con el tiempo, volveré a leer para percibir de nuevo todo su contenido. Enhorabuena.

    Por cierto, pásate por http://escritorsentimientos.blogspot.com.es/2013/10/liebster-award.html ¡Has sido premiada!

    Un beso enorme.

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  3. Te he nominado a los Premios Liebster Award. Un besazo infinito <3
    http://uninfinitoporbeso.blogspot.com.es/2013/10/premios-liebster-award.html

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