domingo, 7 de julio de 2013

Amanecer en 1945.

Dije que La bibliotecaria de Auschwitz me había marcado (pinchad para ver la recomendación literaria), y a continuación podéis ver que es cierto. He escrito este relato acerca del campo de concentración de Bergen-Belsen. Lo siento porque se parece mucho a la visión del libro, pero qué le voy a hacer. No me acaba de convencer, pero algo es algo, últimamente apenas escribo relatos. Además, he notado que se parece un poco a otro relato que he escrito.

Espero que os guste, que (como siempre) opinéis y que paséis buenas vacaciones. :-)

Amanecer en 1945

Entreabrió los ojos cuando notó un temblor en la tierra. Lo último que había podido hacer antes de perder el conocimiento había sido llorar, y las legañas hacían que sus párpados se pegaran. Tuvo que pestañear varias veces para conseguir ver y enfocar. Sintió la tierra húmeda y fría contra su mejilla. Sintió desamparo y soledad. Apenas podía sentir ya.
Notó la boca pastosa y apoyó con infinita lentitud las manos sobre el suelo para incorporarse. Los brazos flaquearon y cayó. Se sentía lejos de allí, lejos del llanto, del olor a podrido y a enfermedad, de la desesperación, de lo imposible.
No sabía cuánto tiempo atrás, derrotada, se había arrastrado hacia un hueco donde había tierra más o menos seca, un espacio sin nadie (muerto o vivo), y se había aovillado, cerrando los ojos y deseando morirse. Había entrado en un estado de semiinconsciencia, soñando y recordando sueños, recordando sonrisas, carcajadas, mantas de lana, montones y montones de chocolate.
Se había despertado días antes por el frío. Se había desgañitado gritando y gritando, intentando quitarse ese inmenso espanto de encima, ese ambiente donde no crecía nada excepto los piojos y el tifus. Y lo que más quería era que creciera la esperanza, que era el único alimento, la única llama que calentaba, la única sonrisa que llegaba al alma. Era la esperanza lo que más faltaba en ese lugar. Algo que ellos ya se habían encargado de quitar años atrás.
De pronto sintió que unos brazos la rodeaban, y se dio cuenta que había vuelto a cerrar los ojos. Quiso revolverse, pero no tuvo fuerzas ni ánimo.
--Are you alright? Do you hear me?
Las palabras eran en un idioma que desconocía, pero le resultaban extrañamente familiares. Intentó recordar qué eran esos sonidos, de dónde provenían, pero su mente estaba demasiado confusa y débil.
--Hey, listen to me. We’re English. We’ve won the war. You’re free. Don’t worry, you’ll be fine. No more hunger, no more pain, no more illness, okay? Listen. You’re free.
Y de pronto el significado de las últimas cuatro letras se filtraron por su mente como un luminoso rayo de sol en la noche más larga y oscura que había vivido jamás.
Entreabrió los labios resecos. Quiso hablar, pero de su boca no salió ningún sonido.
Habían ganado. Habían ganado.
«¿Pero qué he ganado yo?», se preguntó, en un escaso momento de lucidez. Sintió los brazos del joven inglés elevándola del suelo como si fuese una pluma.
--Oh, my God--exclamó el oficial cuando notó lo poco que pesaba. Menos de treinta kilos, tal vez--. This is a nightmare--añadió, para sí mismo. Luego le sonrió con calidez y ella detectó cierta ternura en sus ojos, a pesar de no entender nada y de sentir la muerte a escasos metros de ella.
Cogió aire y se atragantó al poder respirar. Volvió a intentarlo y logró decir:
--¿Se ha terminado?
Su voz era rugosa, rota y apenas distinguible entre todos los gritos, motores, llantos y órdenes que se oían por todos lados. Pero él la miró.
--It’s over.
Ella tragó saliva y no dijo nada más.

Sólo sus ojos lograron reaccionar humedeciéndose.  Las lágrimas dejaron un rastro en su mejilla embarrada y cayeron al suelo. Y eran gotas de agua más saladas, más amargas y más que cualquier lágrima que hubiese derramado antes. Eran lágrimas de felicidad y de tristeza al mismo tiempo, que se evaporaban en el viento gélido mientras su dueña asimilaba con lentitud que ese terror infinito que había vivido, ese espanto creciente, ese mundo inmundo y ese campo de concentración llamado Bergen-Belsen, habían llegado a su fin.

Laura TvdB, 7 de julio de 2013.

3 comentarios:

  1. ¡Hola! :)
    Lo acabo de leer y a verdad es que me ha gustado bastante (a pesar de que a mí las historias dramáticas no me suelen interesar). Me ha parecido un poco corto, pero has hecho que sea ameno y "fresco". :)
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Nunca podremos imaginar lo que sintieron cuando llegaron los aliados para liberar los campos de concentración. El nazismo siempre es un tema de muchos matices y en este caso sacar esperanza es uno de ellos.

    ResponderEliminar
  3. No me suelen gustar los relatos ambientados en la Segunda Guerra Mundial, salvo contadas excepciones, pero debo reconocer que has descrito los sentimientos de desesperación, muerte y desesperanza con bastante acierto. Además, el toque inglés ha sido la guinda del pastel. ¡Un beso!

    ResponderEliminar

Aquí puedes opinar, criticar o comentar acerca de lo escrito, siempre con respeto y educación hacia mí y hacia otros lectores. No hace falta tener cuenta. Te pido, por favor, que cuides tu expresión escrita.