viernes, 11 de enero de 2013

Miedo y valor (II).

¡Feliz año! Intento escribir cosas nuevas, pero estoy más ocupada pensando y pensando una novela que tengo muchísimas ganas de escribir, esforzándome en seguir la que tengo empezada, Flor de lis.

En la última entrada, las personas que opinaron (que fueron pocas, pero algo es algo, ejem), me dijeron que estaba bastante bien. Más de dos me han pedido que escriba más acerca de la historia.
Bien; hace unos días escribí otra escena de la novela. Es corta, pero intensa. O eso espero, porque como no conocéis la historia a lo mejor no os entra.
Se sitúa un poco más adelante de la anterior. Dos semanas después, o así. Se ambienta en Madrid, pero es un punto que aún no tengo claro, porque también me gustaría situar la novela en Sevilla.
Total, que espero que os guste igual. Es igualmente triste y... bueno. Pero qué le vamos a hacer, la novela entera gira alrededor de eso.

Miedo y valor (II)

Parecía que Madrid se había iluminado especialmente para ella, porque relucía como nunca, las calles más limpias, las personas sonrientes, el frío acogedor. Cristina, pegada a Daniel, sonreía. La emoción hacía que su cuerpo temblara, pero Daniel pensó que era por el frío.
--Si quieres, podemos volver.
Cris negó firmemente con la cabeza, ensimismada. Alzó la mirada para abarcar el gran árbol de Navidad, hecho de luces, que había en la Puerta del Sol. Daniel siguió su mirada. Él no lo dijo, pero pidió un deseo, cerrando los ojos. Siempre era el mismo, y lo llevaba pidiendo dos meses y medio.
Observó el vaho que salía de su boca al suspirar levemente, y bajó la mirada para enfrentarse con los ojos verdes de ella. Supo que tenía que decir algo.
--Cada vez que veo ese vaho escapándose, pienso que boto en una nube--le pareció lo más absurdo que había dicho en su vida, pero Cris sonrió dulcemente y asintió.
--Sí. Y que flotas por encima de la ciudad. Que escapas lentamente, como el vaho… que escapas, que huyes de todo lo malo…
Sus palabras se convirtieron en un susurro. Parpadeó, pero no pudo evitar que se le humedecieran los ojos.
--Daniel… nunca volveré a ver Madrid así… ¿no?
Él la miró, espantado, sin poder respirar. La mirada límpida de Cristina, su pregunta sincera, lo habían desarmado.
Él no era fuerte. Nunca lo había sido.
La abrazó con fuerza para que ella no viese sus lágrimas, su gesto de infinita tristeza y desesperanza. Cris le devolvió el abrazo y ambos permanecieron allí por espacio de largos minutos en silencio, gritándose sin abrir la boca, hundidos en lo mismo, tragando saliva para recordarse que tenían que respirar. Ambos lloraron lágrimas inexistentes, se susurraron palabras de consuelo que no llegaron a pronunciar, desearon una cosa con fuerza, con tanta fuerza… Cris hundió su rostro en el hombro de él. Daniel permaneció con los labios sobre su pelo.
Nadie en la plaza se fijó en ellos, y mucho menos se imaginaron que aquellos dos jóvenes podían estar despidiéndose de las luces, de la Navidad, de la ciudad… para siempre.

Laura TvdB, enero de 2013.

2 comentarios:

  1. No sé cómo te las has apañado pero cada vez consigues que parezca más real. La frase de ella lo ha dicho todo de golpe, es como romper el encantamiento. A pesar de todo la realidad sigue imperando en sus vidas y el tiempo se le agota. Dices de continuar pues ahora hay otro más que te anima. Creo que puedes sacar algo grande de esta historia. Continua.

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  2. Yo me sumo a Adol para animarte a continuar con la historia. Coincido con él en que la frase de ella ha sido decisiva, impactante, crucial. En serio, cada coma en este texto está en su sitio y la historia me ha conmovido. Me siento muy triste por esta pobre y adorable pareja.

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