viernes, 22 de junio de 2012

Todo o nada.

Bueno, una vez acabados los exámenes y el curso, tengo más tiempo y la inspiración está volviendo poco a poco. Llego hoy con un nuevo relato. Es muy corto, pero considero que es más relato que microrrelato. En fin, que para escribirlo me he acordado mucho de uno de mis poemas preferidos, Canción última, de Miguel Hernández (os recomiendo que lo leáis si no lo habéis hecho). En ese poema refleja la esperanza de encontrar algo que coloree de nuevo la vida. En este relato, no hay esperanza. Pero la sensación de vacío es la misma.
He escrito el texto de una forma un tanto poética. Lo único que no me gusta es el título, pero no se me ha ocurrido otro, lo siento.
En resumidas cuentas, espero que os guste.

Todo o nada

Entré en la casa. Estaba deshabitada, sola y oscura; el polvo se respiraba en el ambiente. La puerta gemía al moverse con el ulular del viento; el suelo crujía a cada paso que daba. Todo daba sensación de abandono: la mesa, el piano, el suelo, el vacío. Oía como susurros en mis oídos, aunque estaba casi segura que no existían, o que eran antiguos recuerdos olvidados que no había metido en mi maleta al irme de allí precipitadamente. Los ecos resonaban en mi cabeza y en mi alma.
Me acerqué unos pasos a la chimenea. Las cenizas aún estaban allí, esperando a que alguien las recogiera. Su color grisáceo encajaba con el color en el que estaba sumergida la casa, hundida por el llanto, los gritos y la desesperación que había tenido que soportar.

Mi vista recorrió la sala, prácticamente vacía. Resbaló en el piano y, sin saber cómo, me vi levantando la tapa, deslizando el dedo por ella, recogiendo la densa capa de polvo, rozando las teclas desafinadas y amarillentas. Deseando, tal vez, que volvieran a sonar como antaño. Una lágrima cayó en una tecla blanca, en silencio. Me alejé para no verla.

Algo colorido me llamó la atención. Estaba en el suelo, al lado de la chimenea apagada. Me acuclillé, mi falda barriendo el suelo. Recogí la foto, mirándola sin ver.
Estuve así un rato, sin poder moverme. Al cabo de lo que me parecieron horas, estallé en un llanto nostálgico. Mis lágrimas, como gotas de cristal, cortaban el parqué, limpiaban el polvo. El sonido de mis sollozos rompió el silencio sepulcral en el que estaba sumido el salón.

Miré la chimenea, recordando todo lo que había quemado allí. Fotos, risas, recuerdos, besos, palabras, sentimientos.
Todo, excepto esa foto.
Todo, excepto a mí.
Todo, excepto a él.

Laura TvdB, 22 de junio de 2012.

3 comentarios:

  1. Hola,
    Quería decirte que efectivamente, el relato es triste pero igualmente me ha gustado.
    Aún así, te he encontrado un par de fallos:
    -Has puesto: "me vi levantando la tapa, deslizando el dedo ella..." ¿no sería "por ella"?
    -Otro fallo que te he visto es el siguiente: "al cabo de los que me parecieron horas..."
    No estoy segura, pero creo que es "al cabo de lo que me parecieron horas", sin la "s" en el "lo".

    Besos, y espero volver a leerte pronto.

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  2. Well, well, well, el relato es, efectivamente, bastante triste y gris. Has conseguido, a través de la descripción de casa, hacer encajar el ambiente donde se desarrolla la acción con los sentimientos del personaje (una técnica literaria bonita y difícil de conseguir), pero debo reconocer que el relato no me ha terminado de llegar, no sólo por la temática, sino también por el estilo de narración. Supongo que me gustan las oraciones complejas, con largas divagaciones, y en este relato priman las frases cortas. Ralladas mías, anyway. ¡Un beso!

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  3. Es agradable ver como sigues tu línea de sentimiento trágico a través de los objetos y tal como dice nuestra colegui arriba es bastante dificil de conseguir. Me gusta sobre todo el final cuando es consciente de la foto en la cual no se había fijado antes. Separaciones dramáticas y sentimientos poderosos, podrías escribir una novela con este tema.

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