lunes, 20 de febrero de 2012

Jack.

¡Hola! Bueno, os cuento el por qué de este relato. Es un poco más duro y sentimental de lo normal, que ya es decir. Es una continuación del relato Lily, que, como puse allí, forma parte a su vez de una novela que quiero escribir en un futuro. Se sitúa en una época victoriana. Os aconsejo leer la primera parte para leer ésta; será menos confuso. Ah, otra cosa (atención, spoiler): en el relato Lily, la protagonista moría o eso dejaba creer yo; bueno, pues imaginaos que no se ha muerto sino que solo ha recibido heridas graves y se ha recuperado. Este relato se sitúa dos años después del primero: es decir, Lily y Jack no tienen quince años, tienen diecisiete (no sé si en el primer relato puse que tenían quince, pero por si acaso. xD). Una última cosa: los dos relatos terminan "igual" porque... bueno, porque sí. XDD
PD: Este fragmento tampoco tiene por qué salir en la novela; pero la trama general sí se corresponde a ella. Y perdonad por la introducción taaan larga.

Jack



Jack entró en la taberna.
Estaba llena de gente que reía y bebía hasta emborracharse. El ambiente era ahogador y casi irrespirable.
Se fijó en su traje y pensó que tal vez no debería de haber ido allí.
Se abrió paso entre la gente que bailaba y reía. Las mujeres iban vestidas con vestidos con demasiado escote y a Jack les pareció tan descaradas y desvergonzadas que no pudo evitar pensar en Lily. Ella nunca sería así. Su recuerdo le hizo un pinchazo en su pecho. Lily…
--¡Eh, niño!—le dijo un hombre--. ¿Qué haces aquí? ¿Quieres tirarte a alguna de estas mujeres?
Jack no contestó.
--Tío, creo que este chico busca algo de diversión, pero no tirarse a nadie. Lo malo es que no hay ninguna de tu edad. Todas son más maduritas.
Una mujer que le había oído le pegó un codazo, indignada.
--Sí que hay una de su edad. Pero no es prostituta.
Jack dejó de prestarles atención y continuó andando, hasta llegar a la barra. Necesitaba un trago de whisky. De algo que le quemara y le hiciera olvidar a Lily.
Se lo pidió y se bebió la copa de un trago. Había un grupo de personas haciendo un corro alrededor de una mesa.
--¿Qué pasa?
--Todos van a por ella—comentó uno.
Jack, más por curiosidad que por otra cosa, se acercó, no sin antes tomarse otra copa de whisky. El alcohol le empezaba a hacer efecto y veía el ambiente más alegre. Incluso atractivo.
Se abrió entre la gente. Una chica pelirroja servía un plato de estofado a un hombre de unos treinta; parecía la única camarera.
--Eh, guapa, ven aquí.
La chica se zafó de él. Jack la veía de espaldas, vio su cintura y se quedó embobado mirando su cuerpo perfecto.
Vio otro chico de su edad, vestido como el resto de personas, que se acercó a la chica repentinamente y la besó sin previo aviso. Ella se intentó debatir, pero el chico la abrazó con fuerza por la cintura, inmovilizándola. Ella terminó por dejarse llevar, pero cuando quiso meter las manos por debajo de su vestido, ella le pegó un manotazo.
--No—dijo.
Se dio la vuelta y salió del corro de gente, andando deprisa.
--Es valiente esa chica, ¿eh? Con su rebeldía lo cierto es que te pone…
Jack sonrió; había algo en esa taberna que le hacía olvidar los malos amores.
Se dejó llevar por el ambiente y se vio consumir otra copa de whisky. Volvió a ver a la chica de espaldas. Cuando la quisieron besar otra vez hizo un movimiento brusco y gritó:
--¡Ya vale!
Se dio la vuelta, quedando cara a Jack.
Y entonces él la reconoció.
Era Lily.
Ella no lo vio y continuó andando en su dirección. Jack se despertó del sueño que le había dado el alcohol y abrió los ojos como platos. La agarró con firmeza del brazo, incrédulo, sin pensar en lo que hacía. Lily lo miró, dispuesta a soltar una queja, cuando lo miró.
En su gesto típico, se tapó la boca con las manos. Parecía que no podía respirar. Un color grana le invadió las mejillas.
Jack no se paró a pensar cuando dijo:
--¿Qué haces aquí, Lily? ¿Qué… estás haciendo?—se sentía atontado, como si estuviese viviendo una pesadilla.
Lily boqueó, en busca de aire.
--Déjame.
--¿Qué haces aquí?—repitió él.
--Déjame—replicó ella, con más dureza.
--No. Tú no puedes estar aquí. Es tan… Vamos. Ven.
La arrastró hacia la salida, ignorando las protestas de ella. Hacía las cosas instintivamente. No podía creérselo. Su amiga… inocente, preciosa. ¿Cómo podía…? ¿Cómo había podido…?
--¡Déjame en paz, Jack!
Ahora estaban en la calle oscura, sin nadie. Solo se oía el ruido de la taberna. Lily tenía los ojos cuajados en lágrimas.
--¿Trabajas aquí?
Ella no contestó. Apretó los labios, cabizbaja.
Jack se fijó en su vestido. Llevaba el corsé muy apretado y su escote era muy pronunciado, dejando ver mucho más de lo que debería. Sus hombros estaban al aire y su pelo estaba suelto, en una melena rebelde y salvaje.
--¿Qué has hecho? ¿Cómo has podido rebajarte a…?
Lily retrocedió un paso.
--¿Rebajarme?—sollozó, más que dijo--. ¿Rebajarme? Esta siempre ha sido mi clase social. Siempre. ¿Aún no te das cuenta, Jack? ¡No somos iguales! ¡Soy menor que tú! No todos tenemos un dineral en el bolsillo y tenemos que ganarlo de alguna manera.
--¿Siendo prostituta?
--¡No soy prostituta! ¡Soy camarera! ¿No tienes ojos en la cara o qué?
--Camarera, enseñando todo por ahí y dejando que te besen y…
Lily se dio la vuelta, temblando de ira y de vergüenza.
--En realidad no lo quería.
--¡Entonces te estaba acosando! ¡Intentaba acostarse contigo!
--¡Mucha gente me acosa! ¡Y mucha más gente intenta hacer… cosas conmigo! ¡Pero nunca lo he hecho!
Jack cerró los ojos, deseando despertarse de una vez por todas.
--Pensaba que…
--¿Qué?
--Pensaba que vivías mejor—susurró finalmente.
Los hombros de Lily se hundieron un poco.
--Pues no—su voz se quebró en la última palabra. Jack dio un paso hacia delante, pero no se atrevió a más--. No tengo nada. Antes te tenía a ti. Pero ya ni siquiera.
Soltó un sollozo y se dispuso a irse. Jack le sujetó del hombro. Lily lo miró con ojos abiertos. Jack quitó lentamente las lágrimas de su rostro.
--Puede que no seas mi novia, pero lo eras. Y eras mi mejor amiga. Y no puedo permitir verte así.
Lily dejó escapar una carcajada que tenía algo de llanto. Jack. Siempre preocupándose por ella.
--No me gusta estar sin ti, Jack—sintió que las palabras las decía sin pensarlas. Palabras que, si las pensaba, las callaría. Palabras que le mandaba el corazón, no la cabeza--. No quiero y apenas puedo. Ojalá estuviéramos juntos otra vez. Pero tú no quieres.
 Jack la miró con seriedad.
--¿Eso no lo debería decidir yo?
--Ya lo decidiste una vez.
--Y lo decidí mal.
Jack acarició su pelo con una mano y con la otra le hizo alzar la cabeza para poder besarla. Los labios de ella eran suaves y acariciaron los de él como si fueran plumas. Se separó de ella con lentitud.
--¿Eso es un sí?—preguntó ella, temblando.
--Juzga por ti misma.
Lily sonrió, pero la sonrisa se le borró de la cara y miró hacia todos lados excepto a Jack, avergonzada. Bajó la cabeza.
--Lily…
--No debería haberlo hecho, ¿verdad?
--¿El qué?
--No debería de haber escapado de casa con quince años y no debería haberte conocido.
Aquel comentario sorprendió tanto a Jack que permaneció mudo. Cuando al fin fue capaz de hablar, murmuró:
--¿Por qué dices eso?
--Siempre que estamos juntos, algo sale mal. Da igual la razón—suspiró, pero eso no sirvió para apaciguar el nerviosismo y la ansiedad que invadía su ser--. Mi padre, el tiempo que juega malas pasadas, mi… trabajo.
Jack no contestó. Porque sabía que Lily tenía razón.
Al notar su silencio, ella estalló:
--Somos demasiado diferentes. Como si fuéramos de otros mundos. Yo no soy más que una pordiosera, tú eres un rico burgués. No tenemos nada en común y nunca lo tendremos. Nunca estaré a tu altura. Nunca te rebajarás a la mía. Nunca podrá salir bien. Y lo presentí cuando nos conocimos, cuando éramos amigos, cuando me enamoré de ti y huí de tu vida, cuando me viste ahora, hace un momento, en esa taberna. Siempre lo he sabido, y me he intentado convencer de que podría ser posible. Que el hogar está donde viva el corazón. Pero no. Porque no es así. Siempre habrá un muro. Y ahora que estoy diciéndote esto, tal vez puedas pensar que no he estado más que engañándote todo este tiempo. Pero yo también lo creí. Porque digo la verdad cuando te digo que me importas mucho, que ahora mismo se me rompe el corazón y el alma y probablemente nunca más esté feliz; que no me queda nada sin ti: un cuerpo vacío que intenta no sentir nada. Que, aunque no lo parezca, y te quiero. Y me gustaría gritárselo al mundo antes de que él me grite que es imposible.
La ansiedad y el miedo habían llenado su ser y se sentía sofocada, hundida y rota como nunca se había sentido. Era una sensación mucho peor que cuando su padre la maltrató, pegándola con la fusta. Era un latigazo interior. Le costaba respirar, y el aire que le llegaba lo sentía cada vez menos.
Y sintió lo que tenía que hacer.
Salió corriendo hacia una dirección precisa todo lo rápido que le permitían los pies. Algún sentido interior le hizo saber que Jack iba tras ella, gritando su nombre. Pero esta vez no iba a caer en el macabro juego de la injusticia. Esta vez era ella la dueña de lo que iba a hacer.
El London Bridge estaba abandonado. Corrió y corrió hasta llegar al centro y se subió a la barandilla. Miró al río Támesis, cuyas aguas parecían estar a mucha, mucha, mucha distancia. Cerró los ojos y sintió el aullido helado del viento. El frío calaba los huesos. Se imaginó el rostro de Jack sonriéndole. Sus ojos verdes la miraban con cariño. Su voz, pronunciando su nombre. Y estaba segura que, al lugar a donde iba a ir, podría quererlo sin barreras. Sin fronteras.
Se dejó caer justo cuando las manos de Jack iban a aferrar su vestido.

El chico miró, anonadado, cómo la prenda se le escurría entre los dedos y Lily caía al río. Lily. ¡Lily!
Se desprendió de su chaqueta y, sin dejarse atemorizar por el viento o por el agua, se tiró también, en un intento de salvar a la chica que había decidido suicidarse por él. Por lo que sentía hacia él.
Un dolor punzante lo atravesó como cuchillas cuando sus brazos y cabeza tocaron el agua. Lo siguiente fue el frío. Era horrible. Braceó para salir a la superficie y coger aire. Sus piernas y brazos estaban entumecidos.
--¡Lily!—gritó--. ¡Lily! ¡Lily!
Pero Lily no contestó.
En la oscuridad no veía nada. Buceó y abrió los ojos dentro del agua, en vano. Algo así como una garra más helada que el agua le corroyó las entrañas.
--¡LILY!
La profundidad del río y la oscuridad le impedía ver nada. Lily. Lily. Lily. El nombre le cruzaba la mente y no podía pensar en otra cosa, no podía dejar de luchar por ella, por su vida. Tenía que encontrarla. Tenía que salvarla. Tenía que susurrarle que la quería.
Su mente empezó a nublarse y se rebeló a la idea de no seguir buscándola. No podía. No podía. No podía.
El dolor en su cabeza aumentó, y antes de caer inconsciente, vio un rostro, escuchó una voz y recordó un nombre.
Lily…

2 comentarios:

  1. Final trágico muy al estílo inglés diría yo. Chica muerta en el río, muy victoriano jjeje. Él es demasiado crédulo, como todos los ingleses, la veía como siempre la había imaginado sin pensar que ella podría estar pasando por dificultades. Very tragic jejeje.

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