viernes, 30 de diciembre de 2011

Abrir los ojos y darte cuenta de que no todo es como lo enseñan.

¡Hola! Sé que casi no he actualizado, y no, no tengo excusa xD. Pero bueno, os traigo un microrrelato-divagación filosófica que escribí hace una semana o así, pero que ahora he retocado; debo decir que es bastante personal, una comparación, y que me pasó de verdad; y como intento de artista que soy, necesitaba aclarar ciertas cosas con ayuda de este texto. Espero que lo entendáis y que no me toméis por loca. Un beso y feliz Navidad.
PD: Probablemente escriba un relatillo de Navidad también. O lo intentaré.
PD2: Editado. Quería dedicar este microrrelato a alguien especial:

Para ella, mi bailarina preferida, la que conquistará escenarios y enamorará al público con su arte. Sí, SU arte.

Abrir los ojos...


--Un, deux, trois, plier! Atenta, Blanca, estira el pecho... así.
La música inundaba la sala con calma y ritmo a la vez. Yo, embobada como estaba, me sentía tan reconfortada en ese sitio (que no era más que una sala de baile) que creí despertar cuando terminó la pieza de Coppélia. Ese Léo Delibes era un genio.
Las tres bailarinas inspiraron hondo. Mi preferida estaba en el medio. Me miró y le guiñé un ojo.
De pronto, una verdad nítida y clara se apoderó de mi mente. Fue instantáneo, como si hubiera entrado en mi cabeza en un soplido de aire fresco.
Caí en la cuenta que no todas las cosas son como nos las pintan, ni como nos enseñan. No todo es una sola teoría objetiva. Así como Crepúsculo no tiene por qué ser lo que todos los jóvenes leen hoy en día, Cisne negro tampoco tiene por qué reflejar una vida de una bailarina de ballet; las cosas dependen siempre de la voluntad y personalidad de cada uno, de sus sueños y esperanzas.
Y solo entonces supe que, a no ser que veamos a alguien bailar, o tocar un instrumento, o escribir, o leer, o tener un sueño, o simplemente en un intento de crear arte... no sabemos cómo son en realidad.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Recomendación cinematográfica: "La vida es bella".

¡Hola! A falta de relatos, una buena película que ver.

La vi hace como una semana y cada escena de la película se me ha quedado grabada. La película en cuestión es La vida es bella (La vita è bella, 1997), un bellísimo drama, romance y parte de comedia situado desde el año 1939 hasta el 1945; es decir, en la Segunda Guerra Mundial. La película es italiana, dirigida y coescrita por Roberto Benigni; él también es el actor protagonista.

La película trata de Guido (Roberto Benigni), un italiano judío que se enamora a simple vista de Dora (Nicoletta Braschi) y trata de conquistarla de mil formas diferentes. Seis años después, Dora, Guido y su hijo Josué son deportados a un campo de concentración. Allí, Guido empieza a inventarse una historia con tal de explicar a Josué las razones por las que están allí, haciéndole creer que es una especie de juego. Cuando consigan mil puntos, ganan y se marchan de allí. Pero ¿podrán salir una vez conseguidos los "puntos"?

Es una película preciosa y que muestra el amor por la familia y la capacidad de sacrificio. Hay muchas películas de nazis, pero esta aporta una perspectiva novedosa, la del padre optimista que adora a su hijo y quiere que su vida siga siendo buena. Por eso, en vez de mostrarse con mucho ahínco el horror del Holocausto, se centra en escenas llenas de ternura e incluso de humor (la traducción del nazi al explicar las reglas del campo), y a pesar de todo ello se ve el sufrimiento latente. Es una película que pueden ver hasta los más sensibles.

La película estuvo nominada a siete Oscars, y ganó tres: mejor actor (Roberto Benigni), mejor banda sonora (Nicola Piovani, compositor) y mejor película extranjera. Y se los merece. También ganó premios BAFTA.
Por otro lado, la música es preciosa. Una de mis BSO favoritas, compuesta por Nicola Piovani, aunque también contiene piezas de Offenbach (La Barcarola). Dulce, serena y preciosa.

No os la perdáis.
(Editado ligeramente el 6 de septiembre de 2014.)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

¡Premio por "Two tears"!

¡Sí, sí! ¡Mi relato Two tears ha ganado un premio de parte de mi querida, atolondrada y maravillosa escritora Athenea! Muchíííííísimas gracias, en serio. :-)
He quedado tercera de ocho, pero simplemente el que haya "quedado" me satisface con creces. Estoy muy contenta de que haya gustado tanto. Los otros dos ganadores son Kirtashalina -con su relato Peter, que si me  permitís es el relato más original que he leído en mucho tiempo- y Kapy, que ya lo conocía (cuyo relato, Mi viaje, también está realmente bien). Muchísimas felicidades a los dos y muchísimas gracias, de nuevo, a Athenea.
Podéis ver los ganadores, los relatos y demás aquí.
¡Un beso y gracias de nuevo!

PD: Preciosa imagen hecha por Athenea para el premio. :-)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Incursión prohibida.

Despertó de pronto, con un jadeo. Era noche cerrada. Se incorporó en la cama, sudorosa. Le costaba respirar normalmente y la tela del camisón se pegaba a su pecho. El bochorno era palpable y la humedad del ambiente no mejoraba la situación.
Suspiró. Se levantó y sintió un poco de frialdad inmediata. Sus pies descalzos caminaron por las baldosas de mármol. Tanteó en busca de un farolillo. Lo encendió y recorrió los pasillos del castillo en silencio. A sus lados desfilaban retratos de sus antecesores, que posaban en actitud regia, pero bajo la tenue luz del fuego parecían oscuras sombras que la hicieron estremecer.
Llegó a la escalera de caracol y la bajó sin titubeos. No tenía un rumbo fijo, y se dejaba llevar por sus pasos.
Llegó al portón que daba al patio. No podría ir más allá; la arena y las piedras le harían daño en sus pies delicados.
Algo furtivo hizo que entornara los ojos. Habría jurado que había pasado una sombra oscura por la pared del patio.
Alzó el farolillo y bajó el escalón que la separaba del patio. Frunció el ceño. Tal vez había sido un perro, o un animal. Aun así, esa hipótesis no la convenció del todo. Iba a darse la vuelta cuando algo le tapó la boca y le apagó el farolillo. Su grito quedó ahogado por una mano enguantada que apestaba a cuadra. Su corazón latía demasiado rápido, e hizo varios intentos para calmarse.
--No te muevas, damisela, o te costará caro—dijo una voz masculina en su oído. Su voz era ruda y hosca.
Asintió débilmente. La presión no cedió, y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para poder respirar por la nariz. Le llegaba poco aire, y el que llegaba era caliente y apestaba. Tragó saliva. Sus manos temblaban.
Le dieron bruscamente la vuelta. Miró con ojos como platos a su captor. No lo veía. «Estúpida oscuridad», pensó, en un escaso momento de lucidez. Se revolvió, pero su opresor no se inmutó. Tenía unas manos y unos brazos de hierro.
Se le llenaron los ojos de lágrimas de congoja.
--Damisela, ¿dónde está el conde?
«¿Mi padre?», pensó, con pánico. «¿Quiénes son? ¿Qué quieren?».
--¿Dónde está? Como grites no vivirás para decirlo.
La mano se retiró. Ella respiró una bocanada de aire puro.
--En su habitación—contestó con un hilo de voz.
--¿Y dónde está su habitación?
Apretó los labios. No sabía quién era, pero quería asesinar a su padre, lo sabía seguro. No iba a soltar prenda.
--Habla, niña, o te pego un manotazo que te dejará tonta de por vida.
Sentía que se ahogaba.
--Subiendo por esa puerta, por las escaleras y atravesando el primer pasillo—las palabras salían en tropel por su boca sin que ella las permitiera--. La primera a la derecha.
--Muy bonito.
La soltaron con brusquedad y ella perdió el equilibrio y cayó al suelo. Adoptó una postura fetal de forma instintiva y perdió el sentido.

El incendió arrasó el castillo y sus alrededores unas horas después. Los campesinos habían acabado su revuelta contra su dueño.
En ese castillo no quedó una sola alma viva.

Laura TvdB, 3 de diciembre de 2011.