domingo, 27 de noviembre de 2011

Besos y pasteles.

¡Hola! En un minuto (no os exagero) se me ocurrió y escribí este microrrelato. Me he basado en el dicho de: Se busca príncipe verde ya que el azul no existe. Es algo triste, distinto a lo que suelo escribir, pero aún así espero que os guste.
Un beso.

Besos y pasteles.

Debo reconocer que siempre me gustaron los chicos-príncipe. Los que casi (casi) llevaban la corona en la cabeza. Como él. 
Cuando fue mi cumpleaños y me llenó de besos y de pasteles. O como cuando se coló por la ventana de mi habitación y dimos un paseo de noche por la ciudad (he de puntualizar que iba en pijama, pero fue muy romántico). O como cuando él se puso de rodillas, y con una rosa roja en la mano, declaró que me quería más que a nada en el mundo...
Me gustan los chicos príncipe; supongo que es porque no existen.

Laura TvdB, 27 de noviembre de 2011.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Two tears.

¡Buenas! Hace mucho que no actualizo, pero ya sabéis, este curso me tiene frita (sobre todo la física, grrr); en fin, que traigo un nuevo relato; lo escribí hace unas semanas, pero no sabía si colgarlo o no. Pero vi mi blog allí, sin actualizar apenas, y... en fin. Aquí lo tenéis.


Two tears

Se retiró el pelo de la cara, respirando hondo. Oía gritos de espanto y horror. Pero no veía nada.
Nada, excepto a él.
Se acercó corriendo adonde estaba, con su corazón latiendo alocadamente. Se inclinó junto a él, escudriñando su rostro.
--¿Diego?—murmuró, con un horrible nudo en la garganta. No había visto cuándo se había caído. Debería de haber sido muy repentino.
Él abrió los ojos con cansancio. La miró, casi sin reconocerla, o eso al menos pensó ella. El chico quiso hablar, pero le fallaba la voz, dominado por el agotamiento.
--¿Qué te ha pasado?—preguntó ella, pero se le quebró la voz. Nunca lo había visto tan débil--. ¿Un ataque de asma?
Él respiró profundamente, pero no pudo evitar soltar un quejido de dolor. Entonces, la chica reparó en la oscura mancha que florecía en su pecho, a través de su ropa.
--Dios mío… --susurró, espantada--. ¡Tengo que curarte eso!
--Es… demasiado tarde, Diana—musitó él, volviendo sus ojos hacia ella--. No lo intentes y sálvate tú. ¿O qué prefieres, que mueras conmigo?
--Quiero salvarme contigo—respondió ella, con una fuerza que en realidad no tenía. Pero la verdad se filtraba en su mente, desgarrando su alma, y supo que él tenía razón.
Diego le agarró del brazo con una firmeza asombrosa, teniendo en cuenta su debilidad en esos momentos.
--Escucha—jadeó, mientras cerraba de nuevo los ojos--. Huye. Tienes un salvoconducto. Eso te protegerá.
--No—apenas pudo decir Diana, con la voz estrangulada--. Lo perdí. Fui idiota y lo perdí…
Él clavó su mirada, extraordinariamente seria en los ojos celestes de ella.
--Corre—murmuró, con voz ronca--. Corre y no mires atrás.
Su cuerpo se estremeció y se quedó inmóvil. El brillo de sus ojos se fue apagando, hasta que se extinguió del todo.
Las manos de Diana, que aún lo sostenían, empezaron a temblar. No podía ser. No podía ser. Él…
Se quedó un rato con la mente totalmente en blanco, sus manos engarfiadas, sosteniéndolo. Y, de pronto, estalló en un llanto sin lágrimas, unos sollozos en los que intentaba mitigar ese desgarrón en su alma, e intentando trasmitir al mundo su dolor, su inmenso dolor.
Pero nadie le dedicó una sola mirada.

Cuando al fin fue capaz de serenarse y mirar a su alrededor, quiso no haberlo hecho. Cuerpos inertes, sangre, gritos, tiroteos…
Pareció despertar de su sopor y, levantándose a duras penas y corriendo como pudo, salió de allí.
Corrió y corrió, hasta llegar a las afueras de la ciudad. Sus piernas flaqueaban, pero ella se mantenía imperturbable. No lograba entender cómo había conseguido escapar, pero tampoco se lo planteó.
Se metió en unos campos de maíz que milagrosamente habían sobrevivido en esos tiempos, para que nadie la viera.
Paró de pronto, se dobló en dos, cayó al suelo y cerró los ojos.
Dos únicas lágrimas rodaron por sus mejillas con lentitud, y cayeron al suelo, sin prisa. En silencio.

Fue la única vez que Diana lloró por esa horrible y espantosa Guerra Civil Española que marcó su vida para siempre.

Laura TvdB, noviembre de 2011.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Rima II.

Y la segunda.

Rima II.

Tiempo,
rápido y raudo,
y tan lento,
tiempo ya apagado,
corriente de aire, se consume
como una vela al viento.
Tiempo.

Rima I.

Allá va mi primera estrofa.

Rima I.

Aferrarse a los sueños,
tener esperanza.
Brilla en el cielo
la luna clara.
Me aguanto el anhelo;
mi corazón, cerrado.
Protegida mi alma.
¿Oportunidad?
¿Qué es eso?
Nada de nada.

Un beso.

¡Hola, lectores! Bueno, al fin me he decidido a colgar "algo". Es un poema, bueno, más bien una rima (me ha influenciado volver a leerme todo el Rimas y leyendas de Bécquer xD); quiero decir, es que voy escribiendo estrofas de poemas y no logro terminarlos, de modo que ahora voy a ir haciendo retoques y voy a nombrarlas por números: Rima I, II, III... y así sucesivamente. Vamos, como mi amado poeta, espero que desde donde esté no me reproche por haberme "copiado". En fin, ya veis cómo me enrollo; a continuación, señoras y señores, mis estrofillas que no valen mucho y un pelín incompletas. Aunque la primera, justo sí tiene título, ya que sí que la califico como poema. ;-)

Un beso

Uno en los ojos del otro
--no sé cuánto tiempo--.
Uno en los ojos del otro
--casi sin aliento--.

Sé que no se oía nada,
solo silencio;
solo había una mirada,
enfrentamiento.

Sonreí y lo miré,
casi sin verlo.
Mi boca, sonrisa.
Sus labios, prietos.

Mi mirada y su mirada,
ya sin miedo.
Suspiré y sonreí,
y lo miré de nuevo.

Y sentí su beso.