viernes, 14 de octubre de 2011

Lis.

¡Buenas! He escrito un relato cortito titulado Lis. Sí, tiene que ver con Flor de lis (en la trama y los personajes), y sale una escena parecida en la novela. Pero bueno, puede que no. Todavía no he hecho el esquema de la historia, por eso estoy un pelín atascada y me he desahogado en el relato. Espero que os guste.

Lis

Lis me escrutó con una mirada venenosa. Ya estaba acostumbrado a ese tipo de exámenes; no eran ninguna novedad, y ya no me intimidaban tanto. Seguían teniendo ese tono de peligro, pero más leve que antes, y yo lo percibía. Estaba causando impresión en esa chica despiadada y cruel.
Una vez concluido su examen, alzó su mirada hipnótica y la clavó en mí.
--Sigues siendo atrevido.
Sentí (sin saber cómo) una extraña rebelión en mí interior hacia la forma de ser de esa chica. Hería, hería en el fondo del alma, aunque sus palabras parecieran inocentes. Llegaban y calaban hasta lo más recóndito del ser. Y no podía más con aquello. Dañaba demasiado. Una idea repentina asaltó mi mente; ¿ella había sentido alguna vez eso también, y por eso lo pagaba con los demás?
Respiré profundamente y, por primera vez, logré dar cara a esa mirada asesina que me lanzaba ella, contrarrestándola con una extraña calma que sentía en mi interior. Tal  vez, y solo tal vez, la calma antes de la tormenta.
--Y tú sigues siendo igual de ingenua, por muy inteligente que te creas. No puedes ocultar tu secreto a todo el mundo, Lis; a mí ya no.
La expresión dura e inexpresiva de su rostro se congeló en una mueca del horror más absoluto. Fueron solo unos segundos, pero en ese tiempo me dio tiempo a ver un rayo de luz en sus ojos, y no era para nada una luz agradable. Después, su mirada se tornó aún más sombría de lo habitual y frunció el ceño. Se incorporó aún más. Parecía temblar de rabia.
--Eres la persona más estúpida que he conocido jamás—siseó.
--Ahora ya lo sé seguro—repliqué yo--. Puede funcionar con los demás, pero conmigo ya no, Lis. Estás temblando interiormente porque hace mucho que nadie te dice algo de esto. Sé que tienes sentimientos. Y tal vez, que tienes corazón. Todo eso que quieres ocultar, y estás desesperada por no enseñarlo, me lo acabas de demostrar a mí.
Me miró de nuevo, y en esa mirada se derrumbó. Miles de sentimientos se peleaban por salir a la luz de aquellos ojos mágicos. Y, de pronto, no me pareció imponente, ni daba un aspecto amenazador. Sus ojos no eran corrosivos. Su porte no era atemorizador, y su seguridad se desmoronaba por momentos.
Lo sabía. Había otra Lis debajo de esa máscara de hierro, que había resultado ser increíblemente dura; pero yo, sin quererlo o sin saberlo, había conseguido romperla por completo.

Laura TvdB, 12 de octubre de 2011.

2 comentarios:

  1. Hay mucha gente que se comporta así, porque le han hecho mucho daño en el pasado, y no quiere que le hagan sufrir más. Por eso se muestran fríos, inconmovibles, cuando en realidad, son muy frágiles. Me ha gustado mucho el mini relato, echaba de menos tus escritos. ¡Un besito!

    ResponderEliminar
  2. Ella me ha recordado a Carmen Sánchez, la de Ángel o Demonio no sé por qué. Quizás por lo de la mirada torba y su dureza al hablar. Mola bastante, haber si pronto regreso y te hago más visitas. Esta noche aprovecho para terminar de leer tus relatos.

    ResponderEliminar

Aquí puedes opinar, criticar o comentar acerca de lo escrito, siempre con respeto y educación hacia mí y hacia otros lectores. No hace falta tener cuenta. Te pido, por favor, que cuides tu expresión escrita.