lunes, 13 de junio de 2011

El bosque de los susurros (Capítulo I).

Y aquí está el primer capítulo. Se desarrolla en la 2ª Guerra Mundial, en Berlín, Alemania.
Sinopsis:
 Daniel tiene que enviar un sobre sumamente importante al pueblo de Meinlein. Si no, sufrirá consecuencias. En el camino encontrará adversidades y a una chica misteriosa que guarda un gran secreto. Pero antes de llegar a Meinlein se alza el imponente bosque de Staufer, del que se cuentan leyendas... ¿podrá llegar la carta a su destino?
 Eso sí: vais a tener que acudir al vocabulario que os dejo más abajo (a no ser que sepáis aleman y/o neerlandés).

El bosque de los susurros

Laura TvdB


Introducción:

   Lo cierto es que no sé de dónde me saqué esta historia. Me salió de repente en la cabeza. Bueno, tan, tan de repente no, claro. Lo cierto es que la idea general, la de un bosque “encantado”, me la he sacado del colegio. Estábamos montando un espectáculo que iba sobre cuidar el bosque y la naturaleza, ese tipo de cosas típicas que organiza el colegio para “cuidar el planeta”. Pero nada más. Bueno, tal vez de la película Los falsificadores, que trata de unos judíos capturados por unos nazis que están obligados a falsificar dinero.
   ¿Dedicatoria? Para ti, por leerlo.
   Laura TvdB.

   ADVERTENCIA: este relato contiene escenas de violencia e imágenes no aptas para niños. No recomendado a menores de 11 años.

Nota:
     -El bosque de Staufer no existe. Es inventado.
     -El pueblo de Meinlein tampoco.
    -Hay partes del relato donde hay frases y expresiones en otros idiomas; estos idiomas son el alemán (still, muttie), proveniente de la región de Frankfurt, al noroeste, y el neerlandés (nederlanders, mamma), proveniente de una ciudad/región al sur de Países Bajos (fuera de la provincia de Holanda), concretamente de Roosendaal. A continuación os dejo un cuadro con palabras que saldrán en el relato, para que consultéis cuando lo necesitéis (os aseguro que es así, que está bien traducido; es más fiable que cualquier traductor de Internet).

Vocabulario:

Palabras y frases en alemán.
-Muttie: mamá, mami. Vocabulario infantil y cariñoso.
-Nein: no.
-Still: silencio, cállate.
-Ja: sí.
-Schnel: rápido, deprisa.
-Wie ist daar?: ¿Quién hay/está allí?
-Deutchland: Alemania.
-Deutch, bitte: Alemán, por favor.
-Heil, Hitler!: saludo que dirigían los nazis a Adolf Hitler. Literalmente, significa: ¡Saludos, Hitler!
-Was?: ¿Qué?
Palabras y frases en neerlandés (holandés).
-Maar we zijn ook nederlanders: pero también somos neerlandeses (holandeses).
-Nederlands: neerlandés.
-Wat doe je nu?: ¿Qué haces?
-Mamma: mamá.



Capítulo I. Alemania

   Daniel miraba absorto por la ventana cómo los soldados nazis corrían de casa en casa, aporreando cada puerta con violencia, ahuyentando a las familias y obligándolas a salir.
   --¡Daniel!—oyó gritar a su madre, histérica. Inmediatamente apartó la cabeza de la ventana, cerró las cortinas y salió corriendo a la cocina, que daba a la puerta trasera del jardín. Cuando llegó, su madre llevaba en brazos a su hermana pequeña, Eva, de tres años, que no paraba de llorar.
   --¡¿Qué hacías en el salón?! ¡Dieron la alarma hace rato! ¡Corre, coge la linterna y la foto de papá!
   Daniel asintió y volvió al salón. Cogió precipitadamente la foto en blanco y negro de su padre, la linterna que descansaba en el sillón de su madre y volvió a la cocina, oyendo ya los gritos de los nazis que se acercaban a su casa.
   Entró precipitadamente a la cocina.
   --¡Ya están aquí!—gritó.
   Su madre gimió y cogió las cuatro rebanadas de pan que quedaban en casa. Abrió la puerta trasera con prisa.
   --¡Vamos, vamos!
   Daniel cogió a Eva y salió al jardín, hasta llegar a la puerta del cobertizo. Allí, con la llave, abrió a duras penas, presa de los nervios y de la agitación, mientras oía los golpes de los soldados contra la puerta de su propia casa.
   Por fin consiguió abrir y entró corriendo, con su hermanita en brazos, bajando la escalera húmeda. Su madre siguió sus pasos.
   --Daniel, ¡enciende la luz ya!
   Él, una vez que terminó de bajar, encendió el farol iluminado de una pobre vela, pero que alumbraba la estancia húmeda y fría.
   Su madre cerró y bajó, temblando.
   --Daniel… --susurró, con los ojos llenos de lágrimas. Tenía miedo. Era lógico.
   --Muttie… --dijo Eva, alargando sus bracitos hacia ella y empezando a gemir otra vez. Su madre negó con la cabeza.
   --No, cariño. Nein—tradujo al alemán, poniéndole un dedo en los labios--. Still.
   --Mamá, así no va a aprender español—dijo Daniel meneando la cabeza. Lo hizo a propósito para aliviar la tensión. Ese momento era crucial.
   Su madre lo miró, sus ojos empañados, su expresión de pena y desolación.
   --Mamá, no nos van a capturar—nada más decir estas palabras, Daniel se mordió el labio. No lo sabía con ninguna seguridad. Su padre había huido hacía tiempo del país, ya que tenía miedo a ser capturado, aunque no fuera judío. El ser neerlandés complicaba mucho las cosas. Ellos no eran alemanes, en realidad. Su madre era española, de Zamora. Y su padre neerlandés, de una ciudad llamada Roosendaal, al sur de Países Bajos. Vivían en Alemania desde que él tenía cinco años, pero desde que estalló la guerra no habían podido moverse; su padre había podido escapar gracias a contactos de la aduana que le permitieron pasar sin poner objeciones.
   --Daniel, tengo miedo—confesó su madre, cerrando sus manos en un puño. Tenía la mirada fija en el suelo.
   --Mamá, no tenemos de qué asustarnos. No nos capturarán.
   --No somos alemanes—sentenció ella, meneando la cabeza.
   --Todos sabemos hablar alemán a la perfección. ¿No es cierto?
   --Ja—susurró ella en alemán, asintiendo. Luego saltó al neerlandés--. Maar we zijn ook nederlanders. Y españoles.
   --Lo sé, pero…—se calló inmediatamente. Un grito de un nazi se oyó claramente; estaba en la puerta trasera de la casa.
   Habían entrado.
   Daniel miró a su madre, angustiado. Ella le devolvió la mirada, no más tranquila que él. Eva, de pronto, escuchó atentamente las órdenes de los nazis:
   --Schnel!
   --Daniel… --susurró, alzando la voz. Daniel la miró con tanta seriedad que la niña no pudo más que echarse a llorar.
   Su hermano abrió los ojos al máximo y le tapó corriendo la boca. Su madre estaba temblando.
   --Wie ist daar?—preguntó un nazi. Oyeron pasos sobre la entrada al refugio. El nazi notó el cambio en el suelo y pisoteó la plancha de entrada, para asegurarse.
   Daniel ahogó una exclamación de miedo. Los habían descubierto.
   Su madre lo miró y susurró:
   --Hazte el alemán.
   --Soy moreno.
   --No importa. España es neutral. Eva no puede hablar nederlands. Haz que se calle.
   Se dirigió a la escalera mientras seguían oyendo gritos de mandato. Los soldados los obligaban a abrir la compuerta. Su madre se encaminó con las llaves de los candados en la mano.
   --Wat doe je nu? Nein!—Daniel se puso muy nervioso y empezó a hablar neerlandés y alemán, mezclándolo a veces con español, mientras temblaba. Eva notó su nerviosismo y volvió a llorar.
   --Mamá… --susurró. Su madre negó con la cabeza.
   --Español no, mi amor. Somos de Alemania, ¿vale? Deutchland.
   --Muttie?—preguntó ella, mirándola.
   --Ja. Deutch, bitte.
   Su madre abrió la compuerta antes de que los soldados siguieran pisoteándola, intentando abrirla. Daniel la vio desde abajo alzar las manos. Y tuvo miedo, pero supo que si jugaban bien sus cartas, podrían salir ilesos.
   Salió también, susurrándole a Eva en perfecto alemán que no pasaba nada, que los nazis eran gente buena y que los querían ayudar. Nunca venía mal hacer la pelota. Una vez fuera, miró al jefe nazi que le apuntaba con su arma. Pero no mostró miedo, y alzando el brazo con voz firme, sentenció:
   --Heil, Hitler!
   El nazi lo miró con desconfianza. Alzó una ceja y preguntó:
   --¿Cómo te llamas?
   Daniel se sobresaltó. Estaba hablando español. No se lo podía creer. Aún así, para disimular, frunció el ceño dando la impresión que no lo había entendido.
   --Was?—preguntó en alemán.
   --Me entiendes perfectamente—el nazi dio un paso hacia él. Tenía un marcado acento berlinense, pero hablaba correcto español.
   Daniel negó con la cabeza, dando a entender que no comprendía.
   --No soy estúpido. O me contestas o te fusilo, ¿vale?
   --No me mate—dijo automáticamente; su voz estaba temblando.
   --Bien, bien, esta es otra cosa. Con que España, ¿eh?—hacía rodar mucho las erres--. Bueno, por ser de un país que no hace nada, no pasa nada tampoco. Pero tienes que cumplir nuestras órdenes, no huir como unas ratas cobardes—se acercó y lo miró fijamente. Daniel contuvo la respiración--. ¿Por qué os escondíais antes?
   Daniel bajó la mirada.
   --Teníamos miedo—reconoció--. Mi hermana Eva es pequeña, tiene tres años, y…
   --Ya, ya, seguridad infantil, ¿no?—el alemán lanzó una carcajada sarcástica--. ¿Por qué?
   --Le estoy diciendo la verdad. También es porque… bueno, no queríamos que… nos atacaran por si… no sé… --se encogió de hombros.
   Notó la mirada de su madre quemándole la nuca. Estaba claro que debía de medir sus palabras.  Hasta el momento no había dado ni una pista de su identidad neerlandesa.
   --Ya veo. Nos tenéis miedo a nosotros, ¿eh? Pero de nosotros no hay que tener miedo, chico. Son ellos los traidores. Los judíos no son más que mierda, pero también el resto de habitantes que no son de aquí pueden ser carroña, ¿entiendes?—sacó de su bolsillo un paquete de tabaco y encendió un cigarro con parsimonia. Daniel seguía con la vista en el suelo. No se atrevía a decir nada, y menos a pedirle si podían salir de su casa. Y su madre no tenía derecho a hablar, por supuesto--. Y dime, ¿conoces a alguien ilegal por aquí?
   Daniel intentó que su rostro no delatara su pánico interior. Sí, tenía muchos vecinos holandeses. Y había un polaco que había conseguido huir hacía dos días. Pero ¿judíos? No, él no conocía a ningún judío. Pero si decía que no había visto a nadie sospechoso sería el nazi quien sospecharía de él.
   --Antes de esto—se refería, naturalmente, a la guerra--, veía mucho extranjero por la calle, pero no me fijaba. No he vivido aquí mucho tiempo, antes vivía en Frankfurt, de modo que no conozco a la gente de por aquí.
   --Vaya—el soldado dio una calada al cigarro y, acto seguido, echó el humo en su cara. Daniel procuró no toser.
   --Y judíos—intentó poner una mueca de desprecio, pero lloraba interiormente. No tenía nada en contra de esos pobres hombres y mujeres que solamente tenían una religión distinta, o una religión a secas--, no he visto ninguno. Por suerte—añadió.
   El nazi asintió y se incorporó.
   --Bien—dijo--. Te has salvado, dices la verdad. Pero una parte no me convence. Haremos un trato, ¿de acuerdo?—Daniel asintió. El nazi gritó a un soldado que trajera algo, pero Daniel no se fijó; estaba demasiado nervioso.
   Momentos después, un soldado entró en el jardín y le dio un sobre al jefe. Éste se lo enseñó a Daniel.
   --Este sobre es sumamente importante. Quiero que lo lleves a un pueblo que está al  norte de aquí, de Berlín, y se llama Meinlein. Es de unos diez mil habitantes. Sabes de cuál de hablo, ¿verdad?—Daniel asintió, no sin cierto temor--. Se lo tendrás que dar a un soldado que se llama Rolf, en un edificio en la calle de Hamburg, ¿vale? Es el número once. Como no se lo entregues, chico, mato a tu madre y a tu hermanita—su madre contuvo un grito, pero abrió al máximo sus ojos, que se llenaron de lágrimas. Eva, a su lado, no lo había entendido bien, pero se abrazó a la falda de su madre. Daniel empezó a respirar agitadamente--. Así que ya sabes si fallas. Bueno, tal vez te mate a ti también, depende de mi humor. Vete ya. Antes de dos semanas quiero que el soldado de la calle Hamburg haya recibido el mensaje. Tienes tiempo de sobra, lo que pasa es que en el bosque de Staufer uno pierde tiempo. Adiós. Y recuerda que tengo a tu familia capturada.

3 comentarios:

  1. Wow, me gusta, en serio. He podido comprobar, que no sólo tienes talento para escribir poesía, sino también prosa :) La historia está muy bien redactada, y la temática me gusta bastante. Pobre familia, espero que los soldados no les hagan nada a la madre y la hermana, quiero decir que nos las violen o torturesn. Aunque tratándose de los nazis.... También me gusta mucho que pongas vocabulario alemán y neerlandés, así recuerdo algo de mi olvidado Deutch XDD. En fin, en cuanto publiques el próximo capítulo, avísame, que quiero leerlo. ¡Un beso!

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  2. Me ha gustado mucho, es agradable leer algo distinto de lo habitual aunque el tema nazi apenas puedo soportarlo le das un enfoque directo y además añadiendo vocabulario alemán le pones más realismo.

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