domingo, 9 de abril de 2017

Como renace la primavera.

Resurgiré como renace la primavera
de las ramas desnudas y el frío seco;
resurgiré como renace el ave fénix
de un montón de cenizas y de huesos.

Renazco de mí misma otra vez
con el aura tímida que anuncia el sol:
seré el blanco de una flor de lis,
verde brillante, escamas de dragón.

Superaré los engaños y las mentiras,
el miedo al pasado, las palabras enfangadas;
huyo de un «te quiero» que es «te poseo»,
de agujeros y conjuntos de nada.

Resurgiré del miedo, del vacío, del desastre,
sea tormenta, huracán, vendaval, tornado.
Volveré nueva, irreconocible, impertérrita,
y ya dará igual que sea invierno o verano.

Laura TvdB, abril de 2017.


(Este es el primer poema que escribo en mucho tiempo, y estoy extrañamente orgullosa de él. Sé que la poesía no es lo mío, pero a veces necesito intentarlo. Espero que os haya gustado. Podéis decirme lo que os ha parecido en Twitter o en los comentarios.)

domingo, 19 de febrero de 2017

Fragmento del "Proyecto Cat" (III).

Se paró delante de ella e hizo una profunda reverencia. La sonrisa desapareció con lentitud, dando paso a su habitual gesto neutro.
—Mi señora Catalina.
Ella le devolvió el saludo.
—Mi señor Gabriel. Bienvenido a vuestra casa.
—Gracias.
—¿Cómo han ido las batallas?
—Muy bien. Hemos vencido y recuperado toda la ribera del Fontana. Y Guadalbey vuelve a ser nuestro.
Trató de recordar dónde estaba el castillo de Guadalbey, pero no lo consiguió, de modo que hizo un leve asentimiento.
—Me alegro. Y también me alegro de que hayáis regresado ileso.
Don Gabriel asintió a su vez y se dirigió a los caballeros. El recibimiento había terminado.

Aquella noche no cenaron juntos. Algunos de los caballeros de su esposo se quedarían allí unos días antes de marchar a sus respectivos hogares, de modo que la cena, a petición de don Gabriel, fue «privada, por asuntos de guerra». Catalina intentó tragarse la decepción que aquello supuso, después de haber organizado los platos y el comedor, después incluso de haber contratado a un prestigioso trovador de batallas épicas. Acompañó a don Gabriel en la comida, durante la cual mantuvieron una conversación vacía, y se cruzaron por la tarde en algún pasillo. Nada más. Por la noche ni siquiera quiso probar bocado. Se sentía demasiado abandonada como para recordárselo en una mesa vacía.
Para no torturarse más, se dispuso a leer un rato en su salita. Pero las letras danzaron delante de sus ojos y no se pudo concentrar. Gracias a Dios, desde ahí arriba no podía escuchar el jaleo que armaban los hombres de su marido. Solo esperaba que él no se emborrachara. Si lo hacía, las mañanas del día siguiente eran más cortantes que un cuchillo. ¿Visitaría su alcoba más tarde, o lo dejaría pasar? Intentó mentalizarse para lo primero, pero eso solamente empeoró su ánimo.

Un ruido la despertó de un sueño ligero horas después. Alzó la cabeza, asustada, y miró a la puerta. Don Gabriel acababa de abrirla.
—Buenas noches —se adelantó ella, parpadeando repetidamente para quitarse el desconcierto de encima.
—Buenas noches.
—¿Es muy tarde?
Su esposo cerró tras de sí y echó un vistazo a la sala antes de contestar:
—No. No demasiado.
Catalina calló, sorprendida. ¿Por qué, si no era tarde, había subido a verla? Dudaba que fuera por hablar con ella.
—Me gustaría hablar con vos.
Se recolocó un mechón de pelo detrás de la oreja, estupefacta.
—¿Sí?
Por el leve fruncimiento de labios de él adivinó que no le había agradado su reacción.
—¿Os importa si me siento?
Alzó las cejas.
—No, por supuesto —se incorporó un poco más en su asiento y le señaló el sillón que había enfrente. «Normalidad», se dijo. «Ante todo, normalidad y educación».
Gabriel se sentó y se cruzó de piernas. Miró unos segundos al fuego de la chimenea antes de volver sus ojos hacia ella. La luz variable le afilaba más los rasgos de la cara y la cicatriz de su ceja.
—Bueno, más bien quería preguntaros algo.
Catalina asintió lentamente. Antes de que él pudiera seguir hablando, ya supo lo que iba a decir. «¿Cómo no lo he adivinado antes?», se increpó. Tragó saliva.
Gabriel carraspeó, fijó su mirada en el suelo un momento y luego la alzó otra vez. Casi le marearon esos ojos claros y certeros como saetas.
—Sé que quizá puede que parezca algo estúpido… —volvió a carraspear y sacudió la cabeza—. ¿Estáis embarazada?
Catalina entreabrió los labios. Tuvo que volver a tragar saliva antes de contestar.
—Yo, eh… —por algún motivo era incapaz de desviar la mirada, y eso empeoraba la situación, porque los ojos de Gabriel se clavaban en ella, y dolían, a cada segundo dolían más—. Eh… no. No, no lo estoy.
Su marido parpadeó dos veces y suspiró.
—Me lo imaginaba —se levantó de un salto—. Parecía evidente, pero quería asegurarme. Perdonad la estupidez. Si lo estuvierais, se notaría, ¿verdad?
Catalina apenas pudo juntar la respuesta en su cabeza y se llevó una mano al collar, ocultando sus nervios.
—Sí. Sí, sí. Claro que se notaría —parpadeó varias veces, cabizbaja—. Lo… lo siento. Bu-bueno, yo… —la frase quedó colgando de sus labios, pues no supo qué añadir a eso, y terminó por callar.
Don Gabriel permaneció unos segundos más cruzado de brazos, evaluándola o evaluando algo que ella deseaba saber pero no sabía, como empezaba a ser usual, como empezaba a ser usual con él.
Su nudo de pensamientos se cortó cuando él se acercó y le ofreció la mano para levantarse. Vacilante, lo hizo. Gabriel alzó la otra mano y le acarició el cuello con el índice. Catalina se estremeció. Era una caricia hiriente.
—Os veré dentro de un rato en vuestros aposentos.

Dejó de sentir su tacto de repente. Don Gabriel se fue y cerró la puerta con un golpe. Catalina se quedó ahí, estática, dolida, aterrada.

(Sigo avanzando con mi novela, ¡ya llevo 75.000 palabras! Este fragmento pertenece más bien al comienzo. Espero que me digáis lo que os ha parecido. Por cierto, estoy activa en Twitter, Goodreads y Letterboxd, para tener contacto conmigo o ver mis actualizaciones en libros o películas).

viernes, 30 de diciembre de 2016

Mis mejores lecturas de 2016.

¡Hola a todos! Viendo algunos vídeos se me ha ocurrido escribir una entrada sobre las mejores lecturas que he hecho este año. Es la primera vez que lo hago y me apetece un montón.

Debo empezar diciendo que este año he leído 64 libros (en Goodreads, 61); para mí es todo un récord (antes no superaba los 30), pero además he conseguido leer bastante variado: clásicos hispánicos o extranjeros, literatura infantil y juvenil, ensayo, histórica. Lo segundo es que mi lista no es un top, a excepción de los cuatro últimos, que son los que más me han gustado de todos. Dejaré un enlace a la reseña correspondiente en Goodreads que suelo hacer al terminar de leer cada libro, por si os interesa mi opinión o crítica más extensa.

¡Empecemos!
  • Poética, Aristóteles. Una pequeña gran obra ideal para los amantes de la literatura, la teoría literaria, la crítica literaria o la literatura clásica. Se lee rápido y enseña mucho. Muy recomendable para todo el mundo, especialmente para los estudiantes de lengua y literatura.
  • No tendréis mi odio, Antoine Leiris. Me topé con esta obra por casualidad. Leí el título y me enamoré; leí la premisa y me enamoré aún más. Este pequeño librito autobiográfico expresa el dolor de su autor, Antoine Leiris, cuando le comunicaron la muerte de su mujer tras los atentados terroristas de París en noviembre de 2015. Son pensamientos escritos con una sencillez abrumadora, la pérdida hecha palabras, el sentido del dolor, el amor del ser humano, la capacidad para seguir adelante. Y la carta... bueno, la carta es desgarradora. Os dejo con el comienzo: El viernes por la noche le robasteis la vida a un ser excepcional, el amor de mi vida, la madre de mi hijo, pero no tendréis mi odio. Si entendéis el francés, os dejo el enlace original aquí.
  • A Game of Thrones, George R.R. Martin. Sí, señores, me he iniciado como lectora en el mundo de Canción de hielo y fuego por fin. Decidí ser valiente y leérmelo en inglés; y me sorprendí mucho al entenderlo casi todo y zampármelo en una semana. Tiene un estilo fascinante, difícil pero no complicado. Los personajes son oro, verdaderamente. Su evolución y carácter son lo más importante en la historia. Pero la ambientación o la trama no se quedan atrás. Un imprescindible para los amantes de la épica, la fantasía, o las buenas historias. Y conste que yo ya había visto la serie, pero aun así me atrapó. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.
  • ¿Fue él?, de Stefan Zweig. Bueno, bueno, ya empezamos con lo mejorcito. He aquí mi confesión: Stefan Zweig se ha convertido en uno de mis autores favoritos de todos los tiempos. Allá por 2013 me leí Veinticuatro horas en la vida de una mujer, y me encantó. He tardado tres años en volver a leer algo de él, y ya no he podido parar. Tiene un lenguaje tan rico y exquisito... y encima con aparente naturalidad, como si estuviera chupado evocar sensaciones, paisajes, diálogos..., o condensar una historia profundísima en 75 páginas. ¿Fue él? es una obra desconocida que resulta impactante. Te ríes y lloras a partes iguales. Mezcla de ensayo, misterio, diario, cuento. Es apasionante, de verdad: leedlo. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.
  • La luz entre los océanos, de M.L. Stedman. Este libro publicado hace un par de años tiene el espíritu de las novelas clásicas del siglo XIX. Una calidad literaria encomiable que evoca los paisajes australianos, una historia de amor realista y dura, un drama sólido que evita los culebrones, unos personajes de carne y hueso con el que el lector empatiza pese a sus decisiones equivocadas... trata algunos temas de forma atrevida y clara, como el matrimonio, la soledad, la pérdida, el remordimiento, la esperanza o la redención. Debo reconocer que algunas partes no me engancharon, pero teniendo en cuenta lo bueno que es todo lo demás, se puede pasar por alto. Además, la traducción de Gemma Rovira es muy buena, apenas parece una traducción. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.
  • El nombre del viento, de Patrick Rothfuss. Bueno, otro superventas que tiene todo el derecho del mundo a serlo. Este proyecto ambicioso de fantasía épica (o no tan épica) está desarrollado con maestría. El despliegue del mundo, la ambientación de la Universidad, las criaturas, la explicación de la magia... todo encaja, no da la sensación de "ya visto" y deja con ganas de más. Pero, por supuesto, lo más destacable de esta trilogía son sus personajes, pero sobre todo su protagonista, Kvothe, uno de los mejores personajes que he leído en toda mi vida. Su personalidad es fascinante, su compleja psicología que el lector entiende sin tener que tragar descripciones inútiles, su inteligencia, su sentido del humor, su orgullo y cabezonería... no, no es el típico héroe de la fantasía; es casi una persona real, con grandes virtudes y grandes defectos. Una leyenda, vamos. Aquí puedo decir que también me encantó la segunda parte, El temor de un hombre sabio. Y espero con ansias la tercera. A los que aún no os hayáis adentrado en el mundo de la Crónica del asesino de reyes, un consejo: no desistáis con las primeras páginas, porque no enganchan. Pero llegad a la 150 y veréis. Por cierto, la traducción, de Gemma Rovira también, es buena. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.
Y, por fin, la crème de la crème. Dos libros que no solo son favoritos de este año, sino de todos los libros que he leído en mi vida. En serio, maravillosos es quedarse corto.


  •   Entre tonos de gris, de Ruta Sepetys. Una sencilla novela histórica. Pero es más. Es mucho más. Entre tonos de gris habla de la deportación de lituanos a Siberia durante la Segunda Guerra Mundial. Lo cuenta desde los ojos de Lina Vilkas, una chica de quince años, que pasa de tener una vida feliz a vivir un infierno. Lo destacable de esta historia es que todos los ingredientes son buenísimos: un lenguaje sencillo pero sugestivo, un rigor histórico que solo se consigue con una documentación extensa y directa, el equilibrio perfecto entre acción y pensamiento, entre descripción y diálogo; y unos personajes entrañables, realistas, desde la protagonista y su familia, pasando (cómo no) por Andrius, e incluso en los secundarios, que tienen luz propia: Kretzsky, el calvo, el padre de Lina... Entre tonos de gris es la expresión de lo peor y lo mejor del ser humano. Una denuncia al silencio, un canto a la libertad y al amor. Me quedé completamente impactada, y aún lo estoy. Por supuesto, ya me he leído los otros dos libros de su autora, Ruta Sepetys, que son El color de los sueños y Lágrimas en el mar, libros admirables y muy recomendables también. Para la recomendación literaria que hice en el blog, pincha aquí.

  •   Carta de una desconocida, de Stefan Zweig. No tengo palabras para expresar lo que me hizo este libro. Ha sido una auténtica revelación literaria. Cada palabra, cada expresión, cada imagen que crea. Las emociones que destilan las páginas. El dolor. La obsesión. La melancolía. El vacío, ese vacío en el que caemos y nos conduce al abismo más profundo. De alguna forma el autor ha conseguido moldear los sentimientos y transformarlos en palabras que llegan al alma. Es el ejemplo perfecto de por qué el ser humano crea arte, de por qué existe la literatura. Carta de una desconocida es arte con todas las letras. Una novelita tan maravillosa como discreta, que habla de ciertos temas con una transparencia aterradora (¿Cuánto daño se puede llegar a hacer el ser humano a sí mismo?, ¿Hasta qué punto la vida es vida cuando deja de tener sentido o cuando este es un enorme agujero?). En fin, no puedo expresar mucho más. Me atrevo a decir que este libro ya me ha cambiado la vida. Para la reseña en Goodreads pincha aquí.

Y eso es todo. Espero que os haya gustado esta lista y que os animéis a leer. Que el año 2017 esté lleno de lecturas profundas y enriquecedoras. ¡Un beso!

viernes, 9 de diciembre de 2016

Fragmento del "Proyecto Cat" (II).

Abrió la puerta y se asomó, arrebujándose en su bata. Era su castillo, pero sabía muy bien que una señora siempre debía ir bien arreglada fuera de sus aposentos privados. No había un alma a la vista. Tendría que ir y llamarlas [a las doncellas]. Avanzó y empezó a bajar escalones, resignada, pero el ruido de un picaporte le hizo volverse.
Apenas le dio tiempo a reaccionar hasta que la chica estaba a escasos pasos. Entonces la joven alzó la cabeza y la vio. Catalina observó cómo ella soltaba una risita nerviosa. Le dio un leve empujón cuando bajó corriendo por la escalera de piedra. Una orla de su cofia quedó ahí, volando ante los ojos de Catalina, hasta desaparecer con su dueña. Solamente entonces, tras varios segundos, las piezas encajaron en su mente.
Volvió la cabeza a los aposentos de don Gabriel, de donde había salido. Parpadeó. Se llevó una mano al pecho, boqueando. Tragó saliva. Y con ese gesto, una oleada de furia.
No lo pensó. Solamente lo hizo. Sus pies se movieron a zancadas hasta llegar a la puerta, que estaba entornada. La abrió con tal fuerza que chirrió y chocó bruscamente contra la pared. Cuando lo vio a él darse la vuelta sobresaltado, a medio vestir, hubo una fisura en su ira. Pero solo una fisura.
—¿Qué…? —cogió aire, porque se ahogaba—. ¿Qué…? ¿Qué ha sido eso?
Don Gabriel frunció el ceño levemente.
—Por Dios, Catalina, me habéis dado un susto de muerte. ¿Se puede saber qué ocurre?
Ella miró a los lados, jadeando, y se acercó.
—¿Qué ocurre? ¡¿Qué ocurre?! —gritó mientras señalaba la puerta y a él con un dedo tembloroso—. ¡Acabo de… y me ha…! ¿Cómo habéis podido…?
Su mente dañada detectó un fruncimiento de labios de don Gabriel.
—Calmaos.
—¿Que me…? —los pensamientos se enredaban, tropezaban, se amontonaban en su boca y ella los quería escupir todos a la vez—. ¿Que me calme? ¡Esa furcia…! ¡Delante de mis narices! ¡Y yo…, encima! Esto… esto es una… una…
 Cuando Gabriel se acercó ella alzó un brazo para pegarlo, pero él se anticipó a sus movimientos y la sujetó por ambas muñecas. Catalina lo miró a los ojos y se resistió, pero no tenía ninguna oportunidad.
—¡Basta! —Gabriel le devolvió una mirada pétrea—. Basta.
Catalina no cedió. No cedió…
—He dicho basta.
Algo se desinfló y el mundo se redujo a cenizas. Los brazos cayeron. Parpadeó e intentó hablar. Imposible. No existían las palabras, solo retazos de esa chica, y de su vestido hecho un ovillo entre sus manos, y de su melena suelta, y del busto generoso que adivinaba su ropa interior, y de…
—Cómo habéis podido…
Seguía mirándolo, pero cada vez su forma era más difusa, más etérea…
—Es mejor que os sentéis.
De repente, estaba sentada en un sillón tapizado.
—Yo… —fue capaz de decir—. Yo… vos… yo no…
La risita que había soltado. Las piernas esbeltas. Los ojos grandes y burlones.
—Siento que hayáis tenido que verla.
Inspiró profundamente, llevándose una mano a la cabeza. Lo peor era el tono impersonal de su esposo.
Su esposo, que acababa de estar con una fulana.
—Lo… sentís.
Estuvo a medio camino entre una afirmación y una interrogación.
—Lo mejor será que cada uno vaya a sus aposentos y se vista. Ya hablaremos en el desayuno. ¿Podéis levantaros?
Catalina se levantó y solo fue capaz de mirarlo con lágrimas en el rabillo de los ojos.
—¿Por qué?
Dos ojos azules y fríos como el hielo le perforaron la cabeza.
—Mi señora, es mejor no hacer de esto un espectáculo. Olvidad lo visto.
Soltó una carcajada, la más amarga que había soltado jamás, la más triste, la más devastadora.
—Que olvide…
Se colocó un mechón enmarañado detrás de la oreja y carraspeó. Se esforzó en que su voz no temblara, y casi lo consiguió cuando dijo:
—No quiero volver a verla nunca más.
Hubo un segundo y medio de silencio.
—De acuerdo.
—Ni vos tampoco.
Hubo tres segundos de silencio.
—Eso no lo voy a prometer.

Catalina despegó los labios. Entonces, sin decir nada más, se dio la vuelta y salió. Más tarde dedujo que aquello fue lo único que hizo posible no derrumbarse delante de él.

(Este es el segundo fragmento que os enseño de la novela que estoy escribiendo, el Proyecto Cat, que va viento en popa. No lo he revisado, así que si veis algún fallo o repetición, avisadme, por favor. Espero que os guste y que haya conseguido transmitir la fuerza de la escena. Por cierto, cronológicamente se desarrolla antes que el fragmento anterior que dejé. ¡Un saludo!)

lunes, 28 de noviembre de 2016

Novedades

¡Hola a todos! Hoy solamente os escribo para comunicaros una noticia que para mí es especial: he empezado a escribir una nueva novela.

Como algunos sabréis, la última novela que escribí, Lavinia es libertad, la acabé en escasos ocho meses, y es que mi método de escritura ha cambiado notablemente. Esta nueva novela la pienso escribir al mismo ritmo que la anterior (¡o más rápido, si se puede!). Las primeras ideas son de hace años, pero empezó a coger forma hace uno más o menos. He desarrollado la historia en estos últimos cinco meses, escribiendo escenas sueltas, creando subtramas, perfilando personajes... Y el último mes ha sido verdaderamente impresionante: he hecho el proceso principal de documentación, he caracterizado secundarios y redondeado tramas, y en tres días (¡tres!) he construido la escaleta.

En fin, y ya a los datos más útiles: he decidido llamarla Proyecto Cat, para no desvelar su título real, como ya hice con Lavinia. Eso de Cat es por la protagonista, que se llama Catalina (he tenido bastante duda a la hora de elegir nombres, cosa que casi nunca me pasa. Incluso hice una encuesta en Twitter que no me ayudó apenas).
La novela será bastante más adulta que las anteriores que he escrito; aunque Lavinia es libertad es una novela bastante "abierta" en el sentido de clasificación, porque puede gustar tanto a adultos como a jóvenes, Proyecto Cat no creo que pueda llamarlo juvenil. Va a ser una novela durísima: un drama bélico en el que no voy a omitir escenas violentas ni momentos muy tristes. Debo admitir que, aunque me guste el drama, esta novela se va a ganar la palma. Los personajes lo van a pasar muy, muy mal. Aunque todo eso tendrá sentido, claro, no lo escribo porque sí. En mi última entrada, donde hay un fragmentito de la historia, se ve más o menos el tono.

Aunque en esta ocasión no os desvele la sinopsis completa, sí puedo contaros el punto de partida: la historia entera gira alrededor de un matrimonio concertado: Catalina y Gabriel (este es un pseudónimo, el personaje en realidad se llama de otra forma). Él es guerrero y debe ir a luchar en numerosas ocasiones. Ella, dama instruida, queda chocada por su cambio de vida: pasa de vivir en un palacete a hacerlo en un castillo en medio de la nada, con un esposo que la ignora y alejada de sus seres queridos.

Tengo pensado colgar algún fragmento más según la vaya escribiendo (nunca la novela entera, claro), tal vez cambiando alguna imagen icónica o los nombres, porque nunca se sabe quién se quiere copiar. Tengo muchísima ilusión puesta en esta historia y espero de todo corazón plasmarla bien en papel. Y también espero hacerlo en un tiempo asequible, como en mi novela anterior. Por ahora voy bien: en una semana ya he escrito más de 5.000 palabras. A ver si esto se mantiene.

¡Un abrazo!